
Policíaco con justiciero enmascarado urbano, de deuda directa del pulp norteamericano
Doctor Niebla es un justiciero solitario de rostro nunca revelado que actúa al margen de la ley —perseguido por igual por la delincuencia y por Scotland Yard—, ejerciendo de juez, jurado y verdugo. Se oculta en un refugio secreto y aparece y desaparece envuelto en niebla, recurso narrativo que resuelve con elegancia sus entradas y salidas de escena. En las novelas actúa como un Robin Hood urbano ambientado en el Londres contemporáneo: roba a delincuentes adinerados y reparte el botín entre los pobres, dejando como firma un ramito de mimosas.

La primera novela gira en torno a cuatro estatuillas que esconden los diamantes Wanthilkroff, con ecos de Los seis Napoleones de Conan Doyle y de El halcón maltés; la protagoniza, además del propio Doctor Niebla, la periodista Margaret Draw, acompañada por el fotógrafo cómico Apolonio Bewster (“Apo”), que solo aparece en esta entrega. Apolonio aporta el humor “brugueresco” característico de Rafael González, con disparates verbales del tipo “¡Es el recolmo! ¡La supercaraba! ¡La infrapanocha!” o “¡Es usted piramidal!”. La segunda, más seria y sin Apolonio, enfrenta a Draw y al personaje con una secta oriental (los zangs, adoradores de un cocodrilo azul) por la posesión del Sello de Salomón.

Hombre alto y atlético, abrigo oscuro, sombrero que le tapa el rostro, bufanda y gafas azules. Usa como arma una “Burton” de 15 balas, modelo aparentemente inventado para la novela. Sin poderes sobrenaturales: su recurso es el anonimato, el manejo del entorno y la determinación de impartir justicia por mano propia. Es un remedo declarado de La Sombra (Walter B. Gibson), sin el aparato psíquico de su modelo estadounidense.
Nace en el contexto muy concreto de la novela de quiosco de posguerra, con fuerte influencia directa del pulp estadounidense que llegaba vía editoriales como Molino. Su paso de la novela al cómic —un año después de las novelas— ilustra un patrón habitual en la Bruguera de la época: personajes de éxito modesto en un formato se reciclan a otro con mínima inversión creativa. Es también un ejemplo temprano de cómo el “fantástico criminal” español bebe del modelo del vigilante enmascarado americano sin desarrollar aparato de superpoderes.
Martín, Antonio (1973). Doctor Niebla, por Hidalgo. Fascículos de la Imagen, Serie La Historieta nº 1. Bang / Martín Editor.
Coma, Javier (1981). Y nos fuimos a hacer viñetas. Madrid: Penthalon. Incluye el apartado «las recetas del Dr. Niebla».
Cuadrado, Jesús (2000). Atlas español de la cultura popular: de la historieta y su uso, 1873-2000. Madrid: Ediciones Sinsentido / Fundación Germán Sánchez Ruipérez.
Moix, Terenci (2007 [1968]). Historia social del cómic. Barcelona: Bruguera (Ediciones B).